24 de marzo de 2010

Anzuelos

De regreso al blog, luego de una impremeditada pausa. El tema de este post me cayó de casualidad: haciendo limpieza me encontré con una página llena de “frases-gancho” de Eduardo Carletti. Se trata de un ejercicio que realizamos en el taller de Axxón hace muchos años, probablemente hace más de una década. La página está amarilla, tiene anotaciones y subrayados (que yo no hice), y unos numeritos a los costados que, presumo, fueron el orden de predilección de esas frases (el de Eduardo o el del grupo, difícil saber ahora).

Escribir frases gancho, sin tener una historia que contar, es un ejercicio de fascinante levedad. Es como ver el paisaje desde la montaña, pero sin necesidad de bajar y recorrerlo. Una frase-gancho es todo promesa. Por eso, a menudo, conviene tenerla en cuenta a la hora de escribir un cuento.

Transcribo las frases de Eduardo en el orden que estaban en el papel:

  • Siguiendo las marcas, pintamos un círculo de treinta metros de diámetro. Más tarde, como dudaban de nosotros, volvimos a buscar las marcas: no estaban.
  • Ciento cinco años después, alzaron la gigantesca piedra y la volvieron a su lugar. Cuando el poderoso sistema de elevación despegó la mole de piso, los ingenieros vieron lo que había debajo y se quedaron helados.
  • Nunca se sabrá cómo llegaron allí, pero ahí están. Nadie puede explicar qué son, de dónde provienen, para qué les han dado un lugar en este universo donde todo, excepto el caos, parece tener una funcionalidad. De lo que sí se tiene una idea aproximada es de lo que hacen y de lo que pueden hacerle a la gente.
  • Cayendo desde lo más lejano, arribó ella. Nunca nada fue igual. Mil años después es la generadora de casi todas las leyendas, y también de lo que surge en este momento de mi corazón…
  • Corrió por la arena desesperadamente. Trepó la ladera, se lanzó desde el acantilado, se dejó golpear brutalmente por las olas contra las piedras. Volvió a correr y a trepar. Volvió a arrojarse. El mar lo golpeó de nuevo. En pocos segundos estaba reconstituido y sin ningún dolor. No era humano, pero quería serlo. Quería sentir dolor, quería cansarse… Quería morir.

En la sección teórica de taller Máquinas y Monos, Eduardo Carletti explica en qué radica la importancia de estas frases y cita un ejemplo extraído del taller Clarion (uno de los más influyentes en materia de ciencia-ficción de los Estados Unidos). Al pie de página, Eduardo cuenta la experiencia surgida de aquella jornada del taller Axxón, fruto de un análisis realizado sobre sus frases y sobre las del resto del grupo.

En un ejercicio de Taller realizado entre colaboradores de Axxón descubrimos que las frases gancho que más nos gustaban a todos tenían algún tipo de afirmación con medidas físicas (ejemplo: "A cien metros de allí [...]", o "Luego de treinta años [...]"). Quizás estos valores, tan conectados con la realidad, le daban credibilidad al resto de la frase, que siempre —o por lo general— presentaba algún elemento fantástico para crear el "gancho".

Puedo dar mi propia experiencia de aquel día. Jamás recuperé la hoja con mis frases, pero una de esas frases quedó dando vueltas en mi cabeza. No recuerdo su formulación exacta. Se refería a un ómnibus incendiado, donde los cadáveres carbonizados estaban en sus asientos, con los brazos en alto y, en la punta de los dedos, el pasaje. La frase se quedó clavada en mi memoria, y durante mucho tiempo me pregunté cuáles podrían ser las condiciones necesarias para que esa escena ocurriera. Finalmente la idea quedó plasmada (ya no como frase-gancho) en el capítulo 4 de “La ruta a Trascendencia”.

Más allá de mis obsesiones, lo interesante es analizar cuando una frase-gancho es necesaria, o qué elementos debe tener una frase-gancho para ser efectiva. Lo primero, mucho depende del tipo de relato que queramos encarar y de cuál es nuestra estrategia para meter al lector en el relato. ¿Queremos que se vaya metiendo de a poco, o decidimos empezar el cuento en medio de la acción? ¿Necesita el lector información previa para que esa frase sea eficaz? ¿Nos sirve plantear un misterio en el primer párrafo? ¿Cómo se llevan entre sí la frase-gancho y el punto de vista, o el narrador, elegidos?

Los invito a releer el post “El primer párrafo”, donde se da un ejemplo con el relato “Incursión aérea”, de John Varley: probablemente la mejor frase-gancho que haya visto en los relatos de ciencia-ficción. O tal vez no: Greg Egan logra un efecto de similar eficacia con los primeros párrafos de El instante Aleph, algo que descubrí (una vez más) gracias a Eduardo.

Acerca de los elementos y las características que debería tener una frase-gancho, se me ocurren los siguientes cuatro (pero seguramente habrá más):

  1. Debe ser capaz de ubicar al lector. Lanzarle algunas coordenadas para que sepa dónde está parado (y dónde NO está parado). En El instante Aleph, Egan arranca con el siguiente diálogo: “De acuerdo. Está muerto. Adelante, habla con él”. John Varley, en Playas de acero, abre con otra declaración: “Dentro de cinco años el pene será obsoleto”. En ambos casos, los autores dan pistas de que no estamos en nuestra realidad cotidiana y que las diferencias con el universo de la narración son drásticas.
  2. Debe plantear algún misterio. Esto queda claro con las dos frases que cité en el primer punto. Como decía en este post, dos coordenadas disímiles o de distinto potencial (pene-obsoleto, muerto-habla) plantean una brecha, y el lector seguirá leyendo para cruzar ese abismo. La esfera narrativa comienza a rodar.
  3. En muchos casos, la efectividad de estas frases nace de su valor descriptivo. A veces son personas con cierta peculiaridad, a veces son paisajes extraños, otras veces son procesos. Pueden encontrar un ejemplo bastante bueno de esto, aquí.
  4. En la frase/párrafo-gancho deberían estar incluidos, aunque más no fuera embrionariamente tres características del relato: el lenguaje, el ritmo y el tono. William Gibson trabaja muy bien esto en el inicio de Mundo espejo: “Cinco horas de jet lag, y Cayce Pollard se despierta en Camdem Town para hacer frente a los temibles predadores de sus trastocados ritmos circadianos dando vueltas y más vueltas”.

Por supuesto el análisis no se agota aquí, como dice Eduardo, se podrían escribir libros enteros sobre las frases-gancho. De hecho, me pregunto: ¿Cuáles son vuestras frases-gancho favoritas y por qué?

Nos vemos la próxima.

13 comentarios:

Ariel dijo...

Hola, Alejandro.
No sé si tengo una frase gancho favorita, pero seguro que siempre funcionan como incentivo para empezar a leer, sobre todo en cuentos. Después, a veces permiten que se siga leyendo por simpatía con ese comienzo, si uno le pifia en el desarrollo. jejeje
Fijate que mi cuento Mujer apurada empieza con una frase que se puede definir como gancho:
"Definitivamente, la muerte es una singularidad."
Además, siguiendo lo que vos decías, esa oración casi que forzó aspectos del personaje central: tuve que hacer que fuera física para no tener que andar explicando de dónde sacó esa idea.
Creo que casi todo lo que escribimos muchas veces empieza con una frase así, aunque después no quede en el resultado final.

Alejandro Alonso dijo...

Totalmente de acuerdo. A veces, esa frase que se nos ocurre por intuición ya tiene adentro un montón de cosas, porque cada palabra significativa es una coordenada en un mapa, que remite a información que queremos pasarle al lector, o a connotaciones que abarcan un amplio espectro de lectores, o a circunstancias, o destacan diferencias con nuestra realidad contidiana.
Qué curioso que hayas elegido esa frase, porque en un cuento mío que salió en Cuasar ("1953"), que es el "testeo" de una ucronía que estoy escribiendo (sí, la estoy escribiendo hace como mil años, siempre termino postergándola), Ernesto Sábato le dice lo mismo al General Perón.
Ese cuento empecé a escribirlo en los últimos meses de 2005, y llegué a una versión decente en 2006.
Qué loco.

Ariel dijo...

No recuerdo el cuento (para ser sincero, no creo que lo haya leído. Tengo huecos grandes en la literatura sci-fi local y general). Pero cosas más extrañas se han visto en el mundo de las letras, decía Pierre Menard.

Alejandro Alonso dijo...

No sería un hueco muy grande no haberme leído, sería un huequito de dimensiones subatómicas. No quise implicar que hayas tomado la idea de mí (de hecho, el enfoque de tu cuento es muy distinto). Tal vez yo la tomé de alguien más y no lo recuerdo.

Ariel dijo...

jajaja. No creas. Lo que leí tuyo me gustó mucho y siempre es un hueco grande no tener leído lo que puede gustarte.
Ni tampoco me lo tomé como una implicación de plagio, simplemente me parece posible. Sabemos como a veces quedan cosas en el borde de la conciencia y aparecen de lugares inesperados. Por eso aclaraba, nada más, sin afán de persecuta.
También sucede que ciertas frases o temas quedan en el aire, por no entrar en definiciones junguianas, y varios los bajan al mismo tiempo.
Abrazo.
(Y que no hay nada nuevo bajo el sol, como decía ya el Eclesiastés).

axxonita dijo...

Alejandro, recuerdo muy bien aquella noche cuando todos llevamos nuestras frases gancho y, como bien dijiste, Eduardo acertó al darse cuenta de cuáles eran los mecanismos que las transformaban en algo atrapante. Vos das en otro clavo cuando hablás de los "diferenciales de potencial". Es cierto.
Si bien las frases gancho pueden usarse en cualquier caso, es en los cuentos, y especialmente en los cuentos cortos, donde son casi necesarias, pues no tenés mucho tiempo para enganchar al lector.

Alejandro Alonso dijo...

Consulta adicional: ¿No les parece que algunos cuentos cortos son sólo la acumulación de un par de párrafos con gancho?

Ariel dijo...

Absolutamente.

Alejandro Alonso dijo...

Ojo que yo no estoy libre de pecado... Jé. Todos tenemos un pasado.

axxonita dijo...

Depende de lo que busques, Ale.
Si sólo son frases gancho no cumplen la función de cuento.
A lo sumo serán una secuencia de postales.

A mí me gustan, me he mandado algunas, y no lo veo como pecado.

Alejandro Alonso dijo...

Claro, a eso apuntaba. A que un cuento no son frases gancho solamente.
En temas de gustos no me meto.

axxonita dijo...

¿Pero viste cómo a veces se basterdea el cuento corto? Escribir un cuento corto lleva trabajo, no es escribir de corrido unas palabritas y ya.
Muchas veces se maquilla con un ganchito.
Pero no es más que eso.

Alejandro Alonso dijo...

Sorry, parece que me había quedado un comentario de Ariel en el tintero, ahí lo liberé.